Falta poco. Muy poco. Y aunque todavía restan semanas para que empiece el Mundial 2026, en Argentina ya se siente esa ansiedad que aparece cada cuatro años. No importa la edad, el trabajo o las obligaciones: cuando juega la Selección Argentina, el país cambia su ritmo.
Las conversaciones en la oficina ya no pasan por los balances ni por las reuniones. Ahora la pregunta es otra: «¿A qué hora juega Argentina?». Porque una vez más, millones de argentinos comienzan a acomodar horarios, pedir permisos, organizar juntadas y diseñar estrategias para no perderse ni un minuto del equipo de Lionel Scaloni.

El debut de la Albiceleste será el martes 16 de junio ante Argelia, desde las 22 de Argentina. Un horario perfecto para la clásica reunión con amigos, la picada interminable y el ritual mundialista que tanto extrañaba el hincha. Sí, al día siguiente habrá que madrugar. Pero cuando se trata de un Mundial, el sueño puede esperar.
La verdadera prueba llegará unos días después. El lunes 22 de junio, Argentina enfrentará a Austria a las 14 horas. Plena jornada laboral. Pleno horario de oficina. Ahí comenzarán las negociaciones con los jefes, las excusas creativas y las pantallas escondidas detrás de una computadora. En las escuelas, seguramente aparecerán los televisores gigantes. En los trabajos, las reuniones «casualmente» se suspenderán. Porque cuando juega la Selección, la rutina pasa a segundo plano.
El cierre de la fase de grupos será el sábado 27 frente a Jordania, a las 23 horas. Tarde, sí. Pero con la tranquilidad de que será fin de semana. No habrá despertadores ni excusas. Solo fútbol, nervios y la ilusión de seguir soñando.
Un país que vuelve a vivir al ritmo del Mundial

La defensa del título conseguido en Qatar no será un torneo más para Argentina. Será la oportunidad de volver a sentirse campeón del mundo, de revivir esas noches eternas que quedaron grabadas para siempre en la memoria colectiva.
Por eso, mientras faltan días para el comienzo de la competencia, ya empiezan los rituales: grupos de WhatsApp que vuelven a activarse, televisores que se ponen a punto, banderas que salen del placard y calendarios laborales que se modifican según los horarios de la Scaloneta.
Porque el Mundial no solo se juega en Estados Unidos, México y Canadá. También se juega en cada oficina, en cada escuela, en cada bar y en cada casa argentina.
Y como ocurre cada cuatro años, habrá algo que volverá a unir a todos: durante 90 minutos, el trabajo, los problemas y las obligaciones quedarán en pausa. El país entero estará mirando hacia la misma pantalla, empujando por el mismo sueño.
La cuenta regresiva ya empezó.